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¿Son útiles las broncas en la empresa?

¿Son útiles las broncas en la empresa?
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Si bien nada deseables, las broncas son una situación y a veces inevitable en el todo el tiempo de la compañía. Sin embargo, las reprensiones deben ser utilizadas con tacto, como instrumento para corregir fallos y motivar al personal. Para eso debes seguir una sucesión de consejos.

alguno puede enojarse, eso es algo muy simple. Mas enojarse con la persona adecuada, en el nivel preciso, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo preciso, eso, exactamente, no resulta tan sencillo”.

La cita es de Aristóteles y desea resaltar la iniciativa de que las broncas, en el campo laboral, deben ser una utilidad de razón de los elementos humanos para solucionar fallos o bien ocasiones problemáticas. Más una utilidad impresionantemente sensible, que puede ofrecer sitio a consecuencias poco deseables si no se emplea de manera oportuna.

Bastante comunes

Las broncas definidas prácticamente como ‘súbitos tiros de ira’ o bien como reprimendas ásperas, son una situación recurrente en las compañías. En el trabajo se dan muchas ocasiones que habitúan desembocar en bronca. Estas tienen la posibilidad de ser infinitas, si bien a lo mejor las más frecuentes vienen provocadas por equívocos, falta de aclaración de los comportamientos deseados, falta de comunicación, rivalidad, ocasiones sentimentales deterioradas: campos de enorme agresividad, rencores.

Toda vez que se consiga, es recomendable buscar una satisfacción a las ocasiones problemáticas con otras fórmulas más diplomáticas y civilizadas. Sin embargo, sucede que, a veces, agotadas estas resoluciones, no queda más que recurrir a la bronca para reconducir ciertas reacciones que tienen la posibilidad de ser perjudiciales para la organización.

Broncas premeditadas

Echar la bronca a alguien puede ser, en determinadas ocasiones, una utilidad eficaz y estimulante si se ejecuta en un tono edificante, que realice reaccionar a la otra persona. Mas resulta conveniente calcular verdaderamente bien el fondo y la manera para evadir el efecto opuesto.

Los profesionales consultados son incondicionales de hacer regañinas premeditadas que tengan un valor táctico para cumplir determinados propósitos. Para eso es conveniente proseguir los próximos consejos:

Resulta conveniente no abusar
. Hay que tener en cuenta que las reprensiones son instrumentos que deben emplearse con ponderación. Si las causas que lo han producido persisten y no se corrigen, seguramente nos hallemos frente una circunstancia de raíces más profundas: desmotivación crónica y extendida, sepa de liderazgo, etcétera. En esta situación la crisis no se solventa simplemente con subir el tono.

No a todas y cada una la gente. No con todos las clases de empleados tienen efecto las broncas. En las situaciones de personas sensibles o bien depresivas, hay que buscar otras fórmulas de razón, debido a que una reprimenda puede hundirlo más merced a su escasa destreza para encajar.

En privado: Las regañinas dirigidas a un individuo deben hacerse en solitario. Si se hacen en presencia de otros empleados, conseguiremos un efecto contraproducente, debido a que puede sentirse herido en su orgullo.

Lo ya antes viable: La regañina debe hacerse lo ya antes viable desde que se genera el hecho que lo estimula. De esta manera, la gente implicadas son más siendo conscientes de las causas precisas por las que se genera la bronca, y tienen la posibilidad de resguardar bastante superior los razonamientos de defensa de sus situaciones.

Agredir el inconveniente, no a la persona: Este es un aspecto principal si se quiere mantener un cambio de críticas edificante. Para conducir bien la coyuntura, hay que comprender distinguir entre el inconveniente y la persona, y investigar los condicionantes que provocaron la coyuntura desde una visión lo realmente objetiva viable.

Ser preciso y diligente: Es la preferible forma a fin de que la bronca realice el menor inconveniente viable. Hay que ser franco y directo. Si nos decidimos por la reprensión, es preciso realizarlo en un lenguaje que manifieste de forma perceptible el enfurezco. No obstante, debemos seleccionar atentamente las expresiones adecuadas, evadiendo hacer un efecto más grande del pretendido. Por otra parte, durante la charla se deben nombrar además de esto puntos positivos de la persona.

Explicar las secuelas: La bronca será mucho más edificante cuando se le hace englobar al subordinado las secuelas negativas que tuvo para la organización su actuación. Sin embargo, esto hay que realizarlo con mucha elegancia y moderación, sin causar un sentimiento de responsabilidad en él, sino más bien tratando hacerle siendo consciente de las secuelas que ha producido.

Buscar soluciones: Una vez expuestas las causas del enfado, y toda vez que el receptor de la bronca reconozca los hechos, es el momento de traspasar una parte de la compromiso y animarle, francamente, a reparar el inconveniente. Aprobar la seguridad en esta persona es esencial a fin de que se sienta apoyada y con la capacidad de exceder las contrariedades.

No acordarse inconvenientes surgidos anteriormente: Para justificar la pertinencia de una bronca hay que centrarse en hechos recientes y nunca en ventilar temas que hayan podido generarse anteriormente. Quien emplea el razonamiento de fallos y fallos efectuados anteriormente para recalcar una regañina en nuestros días comúnmente logrará el efecto opuesto. El empleado, lejos de motivar, va a percibir que, al menor abandonó, el jefe le va a echar en cara algo que quedó en el olvido y que se ha corregido.

Cuidar la relación: Ya antes de concluir la actividad social, y en días consecutivos, es conveniente enseñar que no hay prejuicio contra esta persona, sino más bien todo lo opuesto. El propósito de la actividad social es que comprenda que puede y debe hacer mejor, y que para eso va a tener el acompañamiento de todos.

Resolver la crisis: Si, tras la actividad social, y después de haber zanjado el tema, proseguimos insistiendo en exactamente el mismo hecho, la otra persona creerá que charlamos de un ataque personal y que el propósito no es reparar el inconveniente, sino más bien profundizar en el enfrentamiento.

La puesta en escena

Nos jugamos bastante en una bronca y debemos resguardar todos y cada uno de los puntos. Extraño del contenido verbal de la reprensión, esta debe ir acompañada de una conveniente ambientación y una actitud anatómico y comunicacional que aumente el efecto de la bronca. Ciertas técnicas que tienen la posibilidad de asistir a lograr este propósito son:

Realizar el lote

Resulta conveniente ir allanando el lote, anunciando al empleado que se tratará un tema serio. Algo tan fácil como: “Tenemos un inconveniente y debo hablarte de esto. ¿En qué momento tenemos la posibilidad de reunirnos en solitario?”, va a valer para prevenirlo de que se tratará algo serio.

Despacho cerrado y mesa redonda

Ha de ser una actividad social con el despacho cerrado, para evitar que trascienda algún episodio de tensión que se pudiese generar en su interior. Predominantemente la charla debe transcurrir en una mesa redonda, dando a entender que los 2 están en exactamente el mismo bando. Nunca ponerse uno enfrente de otro.

Autoridad sin exaltación

Es notable subir ‘correctamente’ la voz, y exhibir responsabilidad y seguridad en lo que mentamos. Hay que evadir los movimientos de exaltación o bien furiosos, como vocear, ofrecer un golpe en la mesa, etcétera.

Silencios muy locuaces

Una técnica de enorme eficiencia para expresar nuestro malestar se encuentra en, tras transmitir al empleado aquello que hizo mal, guardar unos segundos de latoso silencio. Igualmente, se amplifica mucho más aún los efectos de la reprimenda.

Despedida cariñosa

Tan notable como la bronca en sí es la manera en de qué manera se da por concluida. Debe darse siempre y en toda circunstancia la mano al empleado, y una palmada en la espalda, para ofrecerle a entender el buen criterio que se tiene de él.